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Trobada amb l’artista Javier Erre

Category : Sin categoría
Date : 25.03.2017

Encuentro con el artista Javier Erre en torno a su exposición “La memoria como campo de batalla” en la Fundación Hervás Amezcua.
Sábado 25 de marzo de 2017


( a continuación el texto de la charla, que estuvo acompañada con una revisión de obra tanto propia como de otros autores)

Voy a contaros un relato en torno a mi obra. Pero antes de comenzar, tengo varias “advertencias” que haceros:
(1) La primera, es que está construido desde un punto de vista muy personal y parcial, por lo que no tiene una pretensión de verdad.
(2) La segunda, es que lo que os muestro, es un documento de trabajo, sobre el que estoy reflexionando en la actualidad; con lo que será incompleto y no tendrá conclusiones.

Pero lo que sí intentaré es contextualizar lo que hago y aportar referencias e ideas para un debate en torno a lo que plantea la obra.

Comienzo con un muy breve apunte biográfico. Estudié bellas artes. Pero durante más de diez años me he estado dedicando al diseño gráfico y también a la docencia, concretamente a los procesos de innovación. Y cuando decido volver a la pintura o, más bien, comenzar de verdad a dedicarme a la pintura, a finales del año 2015, lo hago con el bagaje que tengo del mundo de la comunicación y del diseño. Y con la hipótesis de partida de que la figuración o un cierto tipo de figuración puede tener una relevancia como lenguaje en la actualidad. Y decido explorarlo.

Parte de lo que este lenguaje recupera es una idea de tema, que para mi, está ligada a la intencionalidad comunicativa, a la idea.

Para muchos, especialmente durante la Modernidad, la cuestión del tema ha sido un asunto trivial o secundario, cuando no algo directamente impropio del arte. Así, la pintura o la escultura tenían que distinguirse de las otras artes como modo de autoafirmación y legitimación. Y el tema, identificado con lo narrativo, parecía quedar relegado al territorio específico de la literatura.

Sin embargo, el tema, sin que sea garantía en si mismo de una obra interesante, me parece de una gran importancia. Puesto que el cometido del arte, en tanto que artefacto cultural, no es otro que el de entablar un diálogo con nosotros mismos, comprendernos, reflejar nuestro mundo y dotarnos de sentido. Entonces, ¿cómo podemos prescindir de lo que queremos hablar? Sea la transmisión de una forma de pensamiento, un estado de ánimo, una emoción, una reflexión, una crítica… en definitiva, aquello que como seres humanos nos compete desde el punto de vista del sentido. Sin olvidarnos, de que el vehículo es, o puede ser, una obra de arte.

Los temas del arte y su enfoque han ido cambiando en el transcurrir de la historia. Si tomamos la representación de la familia –que es un tema que a mi me interesa abordar– nos encontraremos con que hasta época bien reciente es complicado encontrar un planteamiento que no repita los modelos comunes y establecidos: sean retratos de grupo (habitualmente de la nobleza o de la burguesía que los encargaban) o bien, representaciones simbólicas del relato bíblico, fundamentalmente de la sagrada familia.

No será hasta el siglo XX, desde la conquistada libertad del artista, cuando algunos comiencen a abordar este tema desde una perspectiva diferente, más allá de las variaciones del género, del tratamiento pictórico o de la composición del tema. Entre ellos me resulta especialmente interesante el enfoque de Paula REGO (en su universo doméstico perverso), Gerhard RICHTER (con su problematización de la historia y del archivo) o Zhan XIAOGANG (en torno a la política del hijo único y el universo comunista chino). Podemos decir que son excepciones. Sorprende constatar cómo un tema tan fundamental de nuestra existencia cotidiana y de nuestra identidad, que ha vivido una revisión tan importante en otros ámbitos, a penas si haya recibido atención por parte de los artistas.

Si observamos mi pintura reciente en tono a la familia, hay una serie de aspectos evidentes a señalar:
(1) la representación de la familia no se articula desde una vivencia directa. No se trata de una representación de un momento actual. Sino que opera desde el recuerdo. Además, un recuerdo que es prestado. Puesto que se corresponde con un registro fotográfico procedente de un álbum familiar, que viene a documentar un momento de la vida al que se ha querido dotar de permanencia. Y esta procedencia es evidente en la obra.
(2) Las imágenes, por lo tanto, tienen algo de objeto encontrado. El artista las selecciona en base a criterios comunicativos o de pregnancia de la propia imagen.
(3) Las imágenes pueden están contextualizadas o de-contextualizadas, dejando como único registro a las personas.
(4) Pero sobretodo el recurso más característico es el uso de la distorsión como figura que da una unidad a las piezas y que aporta una nueva significación a las imágenes. Un recurso que actualiza las imágenes de otra época, haciéndolas contemporáneas, en la medida que esta distorsión no puede ser sino propia de los medios digitales (concretamente del scanner) y de nuestra época. Paradójicamente une dos momentos distintos en una misma imagen.

La distorsión es un elemento que había ido apareciendo en mi trabajo como diseñador en diferentes ocasiones. Y que estoy seguro llega a mi a través del interés que tengo por el trabajo del diseñador e ilustrador Pere Torrent, más conocido como PERET.

Y cuando comienzo a pintar, decido (de una forma no muy reflexionada) utilizarla. Y veo que me funciona para lo que quiero decir. Y también encuentro que es un lenguaje interesante y que quiero explorarlo. Ver qué es lo que puede dar de si. Cada cuadro lleva una pequeña novedad o búsqueda en la forma de su construcción.
Más recientemente he comenzado a buscar autores que se sirvieran de este tipo de recurso. Y hay dos artistas alemanes que me interesan especialmente como son Sigmar POLKE y Spiridon NEVEN DUMONT.

Hasta aquí estaríamos hablando de lo evidente, de lo que vemos. Pero, ¿cuál es la intención comunicativa que hay detrás? Y os lo aclararé en la medida que me es posible en este momento, puesto que estas obras porque nacieron sin una claridad cierta, sino con la necesidad de hacer y de explorar. Sin embargo, es cierto que mi trabajo parte de una insatisfacción, de un conflicto, al que intento dar forma a través de la pintura, que me sirve como medio y lugar de búsqueda.

¿De qué hablo, entonces? ¿del pasado que se va, que se pierde y se olvida? ¿de la nostalgia de un tiempo feliz ligado a la infancia? ¿del rechazo a un pasado que se encuentra doloroso? ¿de la pervivencia en el presente de un recuerdo que es traumático? ¿de cómo nuestra memoria y nuestros recuerdos se van conformando mediante una acción constructiva y destructiva? ¿O es una invitación a releer, cada uno de nosotros, nuestra propia historia personal, quizás para reelaborarla, curarla o disfrutarla?

Estas imágenes parten de un conflicto, que es la evidencia de cómo nuestra memoria reelabora el pasado. Y cómo se queda fijada en determinadas interpretaciones, generalmente parciales y siempre subjetivas desde las que operamos en el presente. Este planteamiento está muy ligado al concepto del trauma: esa relectura que actualiza un hecho vivido y que lo resignifica como traumático. Significación que no está ligada a la propia vivencia sino a su manera de asimilarla. Así, en un primer momento, intento hacer presente o visible este desajuste (que posiblemente contrasta con la felicidad o placidez aparente de las imágenes) .
Y también hay una suerte de crítica a esa aparente perfección de las imágenes, como un teatro social en el que nos construimos, donde no siempre hay tanta perfección como se pretende. En la mayoría de estas imágenes hay una pose. Los protagonistas se saben retratados, aún cuando niños. Y esboza una crítica a la reproducción de unos modelos necesitados de cambio.

Así, mi obra no se centra en la belleza, no recoge la dicha de un momento, no se complace, sino que se centra en aquello que se pretende ignorar. Es fruto del conflicto. Pero no se trata de un ejercicio contra el olvido, sino de una revisión desde la esperanza, que invita a construir el presente, y con él, el futuro.